Gomorra, el libro de Roberto Saviano sobre la mafia en Nápoles, no puede ser más que una lectura enormemente aburrida, y sin embargo no se puede abandonar la página por nada del mundo. Un libro sorprendente.

Saviano logra exponer, con un estilo distante y a veces casi de crónica, lo natural del horror. Al leer su libro comprendemos cuál es la clave de la supervivencia de la Camorra: su actividad, aunque esté fuera de la ley, es lo normal, es lo que todos conocen. Son las leyes, los policías y los jueces lo que puede cambiar, lo que es pasajero y casi accesorio. Lo esencial es el control del mundo por parte de la Camorra.

Su presencia se infiltra en cada resquicio de la vida, en lo mejor y en lo peor. Vigilan y controlan el comercio, la sanidad, la droga y su mercado, la prostitución. Y ahora también las mercancías que vienen de China. Los chinos, otros grandes comerciantes, ya saben cómo tienen que vivir en Italia: hay que hacerse amigos de la Camorra.

Saviano es un actor (el libro está narrado en primera persona), pero un actor secundario. Casi siempre es un mero espectador. Este truco, estar dentro pero fuera, es lo que nos tiene seducidos, porque hay una sensación de que vemos ese mundo desde dentro, pero a la vez lo vemos también por fuera. Así podemos conocer los detalles más recónditos de las relaciones entre mafiosos: amistades, lealtades, deslealtades, venganzas, limpiezas. Pero también vemos desde fuera lo que el mafioso nunca ve: la sangre, el horror, el miedo, las consecuencias de su actividad.

Puede uno no leer el libro entero. Hay muchos momentos en los que nos sentimos aburridos o aturdidos de tanto nombre, de tanto crimen, de tanto detalle. Perdemos la línea de lo que se nos quiere contar. Por eso es fácil aburrirse y sentir que no quiere uno volver a coger la lectura del libro. No importa. Aunque no se acabe, el libro también vale. Al fin y al cabo, es una historia que no tiene final y la conocemos bastante bien.

Con la que le ha caído a Saviano, a lo mejor ya no tendremos nunca otro libro de él. Sería muy lamentable. Hace poco he visto su nombre entre los de los asistentes a una concentración política de la izquierda italiana. Respiré, porque me pareció que no es tan implacable la persecución que le tienen puesta. A lo mejor, la Camorra ha entendido que el libro de Saviano es beneficioso para sus cuentas, que el balance entre perjuicio y beneficio les sale a cuenta. Uno nunca sabe.

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