Artículos breves antiguos: segundo semestre de 2007

Los artículos que se han publicado en la sección de Actualidad y que ya han pasado, son trasladados a esta sección menor. Están ordenados por fecha de aparición. En esta página están los que se colgaron en el segundo semestre de 2007. En la columna de la derecha aparecen enlaces a los artículos de esta misma página, como si fuera un índice.

El control democrático de las cosas

12 de diciembre de 2007

El control democrático de las instituciones financieras internacionales es una de los objetivos más claros y más compartidos por todos los activistas, militantes o ideólogos de la izquierda, sea cual sea su grado de radicalidad. En resumen, la situación se puede describir así: exigimos que los gobiernos de los países sean elegidos democráticamente, pero la manera de financiar su economía (especialmente si dependen de la ayuda extranjera) está en manos de las tres puntas del tridente, o sea, el FMI, la OMC y el BM. En otras palabras, ¿de qué sirve que los gobiernos estén sujetos a control democrático, si al final toda la vida de los países, ricos o pobres, está en manos de organismos sin ningún control democrático?

Ya digo que esta es una reivindicación de la izquierda desde hace muchos años. Pero lo que se pretende conseguir es que esos organismos tan influyentes estén bajo el control de los votos de los ciudadanos o, por lo menos, de los representantes elegidos por los votos. Aquí es donde comienzan los problemas. Resulta que si miramos a cualquier parlamento de cualquier país democrático veremos que los representantes electos no tienen tampoco un control distinto a las votaciones cada tantos años. Pero quién controla democráticamente a los partidos, sus políticas, sus pactos, sus intereses, sus compromisos. El partido, todos los partidos, están obsesionados con la idea de llegar al gobierno, bien como gobernantes, bien como aliados del gobernante, según sea su tamaño y su presencia en la sociedad. Es esa obsesión la que hace que pacten con antiguos archienemigos, que renuncien a programas que eran su identidad un año antes, que se acobarden, que no oigan, que no vean. Y el problema es que, más allá de unas primarias normalmente muy desiguales y casi siempre sin sorpresas, los programas los deciden los comités dirigentes, los pactos se hacen por deseo de los comités dirigentes, las políticas las diseñan los comités dirigentes. Los gobiernos no dependen de los ciudadanos, sino de los comités dirigentes de los partidos. Grupos que nunca se someten al control democrático.

¿Qué queremos entonces: que los organismos internacionales de distribución de la economía (FMI, OMC, BM) estén bajo control de los gobiernos? ¿De los partidos? NO creo que eso vaya a cambiar nada. Es más, animo a los jerifaltes de las cuestiones económicas a que pongan manos a la obra y sometan el quehacer de esas instituciones al control de los gobiernos, de la ONU, de quien quieran. Al final, como los partidos son los que controlan todo eso, basta con controlar a los partidos. Incluso creo que les sería más fácil manejarlo todo por persona interpuesta (los partidos) que meterse ellos a organizar cumbres aquí y allá que movilizan a tantos antisistema y que tantos minutos de telediarios les roban de tiempo.

En Europa no estamos muy acostumbrados a controlar a los partidos, a ver que los partidos se dejan controlar. Al final, el panorama es triste. Dos ejemplos. En España, el partido de la derecha y el de la izquierda son tan iguales que sus medidas o promesas compiten sólo en cuestión de cifras, no de conceptos. En Francia, el presidente, del partido de la derecha, incluye en su gobierno a antiguos dirigentes del partido de la oposición y estos no encuentran problemas en llevar a cabo sus políticas. Porque son idénticas. Con esta situación, al ciudadano no le queda más remedio que salirse de la órbita de los partidos y atender más a lo que puedan decir los movimientos políticos que no participan en las elecciones.

Parece que de momento seguiremos viendo a los antisistema en los arrabales de las grandes cumbres de la OMC.

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La prensa y la politica nacional

4 de diciembre de 2007

Lo de la prensa no tiene nombre. Me refiero a la prensa de información política. Da igual el medio que escojan para transmitir su pobre mensaje, escrito, hablado, visto: todos son iguales. Y luego se las dan de hombres de mundo, de conocedores expertos de todas las cosas. Se creen que están a medias entre el diplomático de gran formación política y el escritor artista y gran creador. Luego resulta que un día hablan sobre algo que el lector conoce bien, da igual lo que sea, y entonces descubrimos que hablan por hablar. Se documentan esa misma mañana en la internet, buscando en google. Pero eso no les importa, los comentarios los hacen como si fueran catedráticos en la materia.

Donde se encuentran más agusto es en lo de la política. Para ellos, se trata de asuntos muy serios, de lo que de verdad importa al ciudadano. ¡Ah, no, que al ciudadano no le importa eso, como repiten hasta la saciedad! Lo que la gente quiere oír no es eso que ellos dicen, pero la realidad manda y hay que hablar de eso, de lo único que ellos saben. Porque yo creo que lo de la política lo inventan ellos. Que los líderes de los partidos son periodistas especializados en un rol, supongo que cobran más que los otros. Pero ellos, por ejemplo, no hacen prensa del corazón, porque eso ni es periodismo ni es nada. Es algo así como una tercera de los periodistas. Tampoco hablan de deporte, que es una materia en la que, sanamente rivales, todo el mundo está de acuerdo y favorece la amistad, pero no es lo que se dice importante importante.

Vomitivas tertulias con parlantes entreguistas al servicio de un partido político. Da igual lo que haga el político, si es de los míos todo es justificable, si es de los otros se equivoca siempre. Igual que el hincha del equipo, que sólo ve lo bueno y quiere que gane siempre, que pierda el otro, que pierda el otro, que pierda el otro.

¿Qué diferencia a estos babosos del micro plural de los incisivos periodistas del cuore? En ambos casos, alguien propone una actitud, una declaración o una exhibición. Los perio lo hacen famoso y lo destripan a la vista de todos. Todos ganan: el público un poco de diversión efímera y con algo que no le va a modificar la vida; los perio y los famosos ganan pasta gansa de lo lindo. Por dinero baila el perro. Los otros, los informantes de lo de verdad interesante, esperan un gesto o una palabra, cuando la tienen, la destrozan, la descuartizan, la analizan y, según el color de la boca que la ha dicho, la elogian o la pisotean. Todos ganan: unos los votos para seguir trabajando, otros pasta gansa. Pero aquí, el público no se lleva nada a la boca, como no sea la hiel que ha quedado derramada por el suelo.

¡A la mierda todos ellos! Llamo a los políticos a que se libren esa canalla cruel que vive a su costa para que puedan hacer libremente el trabajo que tienen: gobernar, hacer oposición al gobierno. Fuera con todos los periodistas de opinión polítca, que nos dejen en paz. Son más indecorosos que los del corazón, que se vayan y nos dejen.

Y que no escriban nada más, que la mayoría son pesadísimos.

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La literatura de Paul Auster

Noviembre de 2007

He conocido a Auster hace muy poco. La verdad es que no me había interesado nada de nada antes. Comenzó a picarme la curiosidad cuando recibió el Premio Príncipe de Asturias y escuché sobre él y sobre sus novelas tantos elogios. Antes no me llamaba la atención, quizá por el tonto prejuicio contra los literatos estadounidenses. Vi una entrevista en la tele y me pareció que podía gustarme leerlo.

Entonces me trajeron los reyes un libro de él, Brooklin Follies. Lo leí con el gusto que causan los libros que se beben. No me encontré con el intelectual que reflexiona sobre todas las cosas y que se muere de asco en su casa como si siempre fuera domingo por la tarde. No, no, no: resulta que el tipo se dedica a inventar una montón de historias y a encadenarlas entre sí como puede. Hay muchas ocasiones en las que parece que la situación se le va a ir de las manos, pero no, es capaz de reconducirlo todo y consigue siempre que nos creamos lo imposible. Al final, todas las situaciones son creíbles y pase lo que pase, yo me dejo encantar por este contador de cuentos.

Después he leído otras novelas de él y pienso seguir leyendo más. Se me hace muy difícil no acordarme de Don Quijote cuando pienso en estas novelas. Como Cervantes, Auster traza un boceto general sobre el que se pegan una tras otra las historias individuales de los personajes. Parece al principio que la novela va a ir por un lado, llevada de la mano de un personaje. Y luego descubres que ese personaje va llevado de la mano de otras muchas historias personales y tú vas con él.

Lo que me gusta de Auster es que el resultado final es un mosaico de personas, no buenas ni malas, sino con momentos o actitudes buenas unas veces y malas otras. Como el mundo que yo conozco, las novelas de Paul Auster están llenas de gente que en su cotidianidad, en su vida corriente, son los héroes literarios más sobrecogedores. Por lo menos por un momento.

Seguiré con Auster, quizá vuelva sobre él en esta sección: me gusta mucho.

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