RELATOS 1-8 9-16 17-24

Relatos fantásticos

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Cuaderno de viaje

Cuaderno de viaje

"Le gustaba trabajar para una compañía internacional, así podía visitar otros países. Es verdad que los viajes de trabajo tienen su parte aburrida, sus esclavitudes, no ser siempre libre de moverse por todas esas ciudades a sus anchas ni de coger el metro cuando quisiera o sentarse en un bar a tomarse una cerveza mirando al paisanaje sin tener en cuenta su reloj. " Leer relato completo

La vuelta

La vuelta

"La nueva esposa había conocido la historia de la mujer fugitiva desde el primer momento, pero siempre había sentido por esa historia una enorme curiosidad, porque nunca se hablaba de ello y porque nadie podía explicarse el proceder de aquella mujer. Ahora que ella hablaba con esa mujer sin impedimentos, la curiosidad la empujó a preguntar en una ocasión por las razones de su huida." Leer relato completo

El anciano y sus tres hijos El anciano y sus tres hijos

El anciano y sus tres hijos

"Un anciano tenía tres hijos. Como el viejo había sido rico, los hijos pensaban que al morir su padre heredarían una buena cantidad de dinero. Eso era lo único que podían esperar de un padre que los había tratado siempre con desprecio y había hecho de su infancia una tortura. Sus constantes insultos y palizas estaban aún en la memoria de los tres hombres. Y más que otra cosa, reprochaban a su padre haber causado la muerte de la madre por las numerosas vejaciones y el oprobio de mantener a varias amantes sin el menor arrepentimiento." Leer relato completo

Leipzig

"En uno de sus paseos, María se fijó en una mujer que atendía la caja en una pastelería. Después de pensar un poco mirándola con discreción, la reconoció como la persona que vivía justo enfrente de su casa, en un bloque cercano de la misma calle. Este descubrimiento provocó un pequeño regocijo en el corazón de María. Había puesto un contexto a la figura que veía a menudo desde su ventana, sin saber de ella nada hasta ahora. En la pequeña identificación que llevaba en su solapa pudo enterarse de que se llamaba Anne." Leer relato completo

Cuando Aurelio Murió

"Ver a su padre tan tranquilo lo tranquilizaba a él. Se acercó a su cara y lo besó en la mejilla. Como si susurrara, al oído le dijo que estaba muerto. También le dijo que lo quería y que con él había vivido con plena felicidad. Aún lo miró un buen rato más, así desde los pocos centímetros que separaban las dos cabezas masculinas." Leer relato completo

Adela Redondo

"Adela se quedó efectivamente muy sola. Agradeció mucho las visitas, pero más todavía agradeció que la dejaran a solas. Toda la energía del primer momento se desvaneció cuando se despidieron sus hermanos. No tenía consuelo y a veces creía que se ahogaba de no poder respirar, mitad por el dolor, mitad por las lágrimas. La pena la tuvo presa muchos días y muchas horas cada día. No podía quitársela de la cabeza. Pasaba de la incomprensión y de la débil certeza de que su madre no había muerto, a la desilusión y las ganas inexplicables de morir ella. Había perdido todo el apego a la vida. En nada encontraba gusto y nada la movía a seguir viviendo." Leer relato completo

La empresa de Benito Aduna

"Era un hombre rico. Lo había sido siempre, porque su padre ya tenía una ferretería que le daba un capital mayor que el de cualquier otro comerciante de la ciudad. Pero Benito había sido mal estudiante y no aprovechó el internado con los Escolapios. Presumía de ello. Presumía en su conversación, pero sobre todo presumía en sus costumbres. Invitaba siempre, usaba cochazos alemanes, fumaba puros, se reía con risotadas fuertes, para que todos supieran que le iba bien.
Le gustaba decir que era un industrial. “Nosotros, los industriales”, decía. Y parecía que ellos, los industriales, sostenían el mundo sobre sus hombros y lo hacían andar, mientras la legión de vagos y parásitos iba subida sin preocupaciones, dejándose llevar.
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Fontecha

-¿Qué quiere usted decirme que no pueda decir a mi marido, Fontecha?
-Lo sabe. Lo sabe. Lo sabe de sobra. No me haga declararlo.
-No sé qué se piensa usted, Fontecha, pero me da la impresión de que se ha confundido. Me voy.
Hizo ademán de levantarse y hasta se santiguó. Él la detuvo.
-¡Espere!- Pero Fontecha, tan nervioso y tan miedoso siempre, comenzó a creer que ella estaba diciendo la verdad. ¿Y si todo hubiera sido una figuración? ¿Qué pruebas tenía él? Dios, ¡qué inmenso error estaría cometiendo! Pero, aún así, se oyó a sí mismo diciendo:
-¿Ha leído mi misiva?- Ella pensó en lo ridículo de aquella expresión, una antigualla igual que Fontecha mismo. Leer relato completo

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