RELATOS 1-8 9-16 17-24

Relatos fantásticos

RELATOS 1-8 9-16 17-24

Entrevista

"El nudo del estómago, el ahogo y las ganas de llorar vinieron conmigo todo el camino. Iba mirando a la gente que se me cruzaba y me sentía más triste aún. Al llegar a la parada del autobús y sentarme bajo la marquesina notaba el peso de todo mi cansancio y volvieron a planear sobre mí las ganas de salir corriendo hacia una cafetería, pedir un desayuno y leer el periódico sin acordarme de nada más, abandonando la posibilidad de caer en otro chasco. El número mil en mi cuenta de chascos. Se sentaba la gente a mi lado sin mirar ni hablar. Alguno prefería esperar dando pequeños pasitos por delante de los que estábamos sentados. Y sin mirarlo, yo le gritaba por dentro ¡Quieres sentarte de una puta vez, que nos estás poniendo del hígado, imbécil!. Y como no era capaz de decirlo para que me oyera (menos mal), la tensión crecía y las manos empezaban a temblarme." Leer relato completo

Cabalgata

"En la plaza había mucha gente a las cinco y media. Se había hecho un corro grande, que bordeaba todo el inmenso espacio. Ya no había árboles en la plaza, como hacía poco tiempo, sino una llanura abierta que daba todo el protagonismo al edificio del Ayuntamiento. Quizá de manera espontánea o quizá por orden de la policía, se había dejado libre todo el centro de la plaza, como para que ahí fuesen a caer los tres Reyes. Nadie lograba aclarar si los pajes los iban a esperar abajo o vendrían igualmente desde el cielo. El plan era que se lanzaran en el cerro de los molinos y fuesen dejándose caer mientras buscaban la plaza. Una vez en tierra firme, comenzarían la cabalgata." Leer relato completo

Escenas cotidianas

"En la casa, la habitación mejor iluminada no era el salón bonito, era el comedor. Era pequeño, eso sí, con muy pocos muebles. Pero de su ventana llegaba los días de sol toda la luz del mundo. Luego, a la tarde, la luz de la bombilla hacía olvidar si el día había sido o no soleado. Entonces las dimensiones de la pieza se achataban y perdían su ser y parecía que todas las cosas estaban dibujadas sobre un mismo plano. La tele era demasiado grande para aquellas distancias, y en cambio el transistor apoyado sobre la cómoda era chiquitín. De él salía un parloteo agudo e interminable. La lámpara del techo estaba provista de un sistema de pesas y poleas que permitía situarla a cualquier altura, alta para ver en todo el cuarto, más cerca de la mesa si se quería hacer algo sobre ella, sobre todo cuando la madre planchaba." Leer relato completo

Mi maestro

"Un día lo esperábamos como siempre, sentados en nuestros pupitres. Yo miraba distraído hacia una ventana. En ella se enmarcaba una franja verde en la base, que eran las copas de una hilera de álamos bien altos, y el resto era el cielo, azul unas veces, grisáceo casi siempre. Entró el maestro, saludó como siempre y se sentó. No era habitual verlo sentado a su mesa, pero tampoco era la primera vez. Sí nos chocó sin embargo que clavara su mirada en sus libros y no la levantara en toda la clase. Explicó, habló, preguntó y contestó sin levantar los ojos. Al sonar el timbre, se levantó y, suspirando una despedida, salió del aula." Leer texto completo

Estraperlo

"Por fin alcanzaron el cambio de agujas. Dejaron los sacos en el suelo y recuperaron fuerzas. Ya estaba conseguido. Desde allí veían el lugar en el que estaba esperando la furgoneta vacía. A esa hora de la madrugada y con ese frío no había en los andenes nadie y en todo el pueblo no habría en la calle absolutamente nadie. Sólo ellas. Este pensamiento hizo que la madre de Asunción se sobrecogiese. Pensó en su marido, abrigado en la cama, y en su calle vacía, esperando la primera luz. Emocionada por todo, abrazó la cabeza de su hija y la besó en la frente y en la mejilla." Leer relato completo

Marta

"Muchos días, Marta va a casa de su vecina, le pide permiso para dar de comer a los pájaros y se queda con ellos mucho rato. Allí hay canarios, periquitos, petirrojos, una cacatúa y en una jaula más grande, una perdiz gorda que mira y mira, pero que casi no canta ni dice nada. A la perdiz parece que le da pena estar ahí encerrada, tan gordota como es, en una jaula pintada de verde. Las pocas veces que abre su pico, es como si se lamentara y dijera que no quiere estar ahí, tan sola, tan grande y tan sola, que se acuerda de cuando vivía en un monte y corría a grandes saltos entre los matojos de lavanda, que la comida que le dan no es buena, no es la que le gusta comer a ella." Leer relato completo

La cigüeña sabia

"Contaba cosas de su vida. Al principio, estuvo mucho rato explicándole a Hilario cómo había aprendido a hablar. Después empezó a hablarle del viaje tan largo que tenían que hacer cada año para llegar a su pueblo. Lo explicaba todo con tantos detalles que era fácil imaginarse lo que describía. Cuando pudo vencer los temores del comienzo, Hilario se quedó como hipnotizado escuchando a la cigüeña, interesado en lo que oía, cautivado por aquella voz que explicaba tan bien todas las cosas y que hacía desear constantemente que empezara a hablar de algo nuevo." Leer relato completo

La jaula

Ese cerdo se ha vuelto a dejar los calcetines a este lado de la casa, con lo que apestan. ¡Cuántas veces le he dicho que mi lado es mi lado y que él no puede dejar aquí sus cosas! Míralo, paseándose en calzoncillos, el muy cabrón, como si tuviese algo que enseñar. ¡Qué asco me da! Mira que es mala suerte la mía: entre tantos millones de criaturas de nuestra especie, me han ido a colocar a este ejemplar de huevo frito. ¡Y pensar que me alegré el día que me lo entregaron! Me emocionaba -¡qué tonta!- al pensar que compartiría mi casa (27 metros cuadrados diáfanos, una ventana de información, un lecho, una mesa, una portezuela de consumo) con un ser humano. Leer relato completo

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